P. 49: “ (…) me parecía que la palabra más adecuada para designar (provisionalmente) la atracción que determinada foto ejerce sobre mí era aventura.”
P. 31: “ Esta fatalidad (no hay foto sin algo o alguien) arrastra la Fotografía hacia el inmenso desorden de los objetos –de todos los objetos del mundo: ¿por qué escoger (fotografiar) tal objeto, tal instante, y no otro?”.
P. 52: “Como Espectador, sólo me interesaba por la Fotografía por “sentimiento”; y yo quería profundizarlo no como una cuestión (un tema), sino como una herida: veo, siento, luego noto, miro, y pienso¨.
P. 93: “En el fondo –o en el límite- para ver bien una foto vale más levantar la cabeza o cerrar los ojos¨.
P. 127: “Parece ser que en latín “fotografía” se diría: “imago lucis opera expressa”; es decir: imagen revelada, “salida”, “elevada”, “exprimida” (como el zumo de un limón) por la acción de la luz. Y si la fotografía perteneciera a un mundo que fuese todavía algo sensible al mito, no podríamos dejar de exultar ante la riqueza del símbolo: el cuerpo amado es inmortalizado por mediación de un metal precioso, la plata (monumento y lujo) a lo cual habría que añadir la idea de que este metal, como todos los metales de la Alquimia, es viviente¨.
P. 132: “ La Fotografía no dice (forzosamente) lo que ya no es, sino tan sólo, y sin alguna duda, lo que ha sido”.
P. 143: “Sólo puedo transformar la foto en desecho: o el cajón, o la papelera. No tan sólo la Foto corre comúnmente la suerte del papel (perecedero), sino que, incluso si ha sido fijada sobre soportes más duros, no es por ello menos mortal: como un organismo viviente, nace a partir de granos de plata que germinan, alcanzan su pleno desarrollo durante un momento, luego envejece. Atacada por la luz, por la humedad, empalidece, se extenúa, desaparece; no queda más que tirarla. Las antiguas sociedades se las arreglaban para que el recuerdo, sustituto de la vida, fuese eterno y que por lo menos la cosa que decía la muerte fuese ella misma inmortal: era el Monumento. Pero haciendo de la Fotografía mortal, el testigo general y algo así como natural de “lo que ha sido”, la sociedad moderna renuncia al monumento”.
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